sábado 11 de junio de 2011

El neolítico

En la "edad de la piedra nueva" o neolítico aparecieron los rasgos esenciales de la humanidad. En esta época, comprendida entre 6000 y 4000 a.C., el hombre no sólo consiguió dominar el medio natural, cultivando la tierra y apacentando animales, sino que además aprendió a organizar su vida social, construyendo poblados que irían aumentando de tamaño con el paso del tiempo.

Las primeras plantas cultivadas fueron algunos cereales, como la cebada o el alforfón; hortalizas; leguminosas, como los guisantes y las lentejas; olivo, vid y lino. La cabra y la oveja fueron, junto con el perro, los primeros animales domesticados; más tarde lo serían el cerdo, el buey (en 5500 a.C.) y el asno.

En el terreno industrial se impuso la técnica de la piedra pulida, utilizada para la fabricación de hachas, mazas y utensilios para arar la tierra y cortar la madera.

Se elaboraron también grandes piedras para moler, y todo ello sin abandonar determinadas herramientas del paleolítico y el mesolítico, como las realizadas a partir de las lascas.

Las innovaciones más importantes del neolítico fueron la cerámica y el tejido. La cerámica permitió elaborar vasos, platos, tazones y recipientes diversos, útiles sobre todo para la conservación y transporte de las reservas alimentarias. El tejido, anticipado por la técnica del trenzado de juncos para realizar cestas de mimbre, nació de la oportunidad de aprovechar la lana de los ovinos y las fibras del lino.

Los progresos realizados en agricultura y ganadería favorecieron la organización de los grupos sociales en comunidades cada vez más ricas y diversificadas. Los poblados constaban de cabañas circulares construidas con cañas y barro.  Más tarde, las viviendas cambiaron de aspecto: se hacían con ladrillos de arcilla sobre cimientos constituidos por bloques de piedra; el techo, sin embargo, seguía siendo de cañas. Las cuevas se convirtieron en lugares de culto y de sepultura.

En Europa, las culturas neolíticas más importantes fueron las de Sesklo (Balcanes) y de Starcevo-Körös (Polonia).

En Europa occidental y meridional se desarrolló la cultura de la cerámica incisa (incisiones sobre la arcilla con fines decorativos), que posteriormente se extendió también a África.

En el área del Mediterráneo se desarrolló también la técnica de la cerámica pintada, que utilizaba ocres y plantillas para la coloración. A esta zona corresponde asimismo un original estilo de pintura rupestre, que aparece en numerosas cuevas de la franja oriental de la península Ibérica y se caracterizaba por figuras estilizadas y composiciones de enorme dinamismo. En Suiza y Francia apareció la cultura palafítica.

Particular importancia tuvo en esta época la cultura megalítica europea, de la que constituyen un interesante testimonio los dolmen, grandes losas de piedra apoyadas sobre bloques verticales hundidos en el suelo. Los dolmen evolucionaron hacia cámaras sepulcrales, a las que se accedía a través de un corredor, y hacia tumbas cubiertas por una "falsa bóveda". Otro monumento típico de la cultura megalítica son los menhires, grandes bloques de piedra clavados en el suelo y alineados en hileras larguísimas. El significado de estos monumentos megalíticos, que alcanzan alturas de decenas de metros y un peso de centenares de toneladas, es incierto. Se cree que eran estelas conmemorativas o centros de culto religioso. Son famosos los de Carnac, en Bretaña, los de Stonohenge, en Inglaterra, y los de Antequera, en España.

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